Es larga la tarde
como el camino curvo
hasta tu casa
por donde regreso
arrastrando los pies
hasta mi cama sola
a dormir con tu olor
engarzado en mi piel,
a dormir con tu sombra.

Es larga la tarde
y el amor redondo
como el gatillo de una pistola
me rodea de frente,
de lado, de perfil.

El sueño pesa sobre mis hombros
y me acerca de nuevo a ti,
a tu respiración,
a una continuación infinita
de la batalla de sábanas y almohadas
que empezamos
y que pone risa y energía
a nuestro cansancio.